Alcalde-Pedro-Santiesteve-Alberto-Cubero-Teresa-Artigas-Tuzsa-Auzsa

 

Veinte de enero de 2016: el alcalde de Zaragoza participa en una asamblea celebrada en el centro cívico Salvador Allende acompañado por sus concejales Artigas y Cubero y sentado en la tarima del escenario aseguró a los trabajadores de AUZSA que “siempre he estado a vuestro lado”. Colegueo.

 

Quince de marzo de 2016: representantes de los trabajadores de AUZSA se encierran en unas dependencias municipales para exigir audiencia con el alcalde de Zaragoza. El alcalde les dice que no piensa recibirlos y que no se reunirá con nadie “bajo coacción o chantaje”. Ninguneo.

 

Desde mi punto de vista, tanto el colegueo inicial como el ninguneo actual son posiciones incorrectas.

 

La primera porque el alcalde no es un colega de los empleados que ejercen uno de los servicios públicos de la ciudad como es el transporte. No lo sería si fueran empleados municipales, menos aun siendo trabajadores de una empresa privada. El colegueo, estudiado por psicólogos y pedagogos especialistas en “inteligencia emocional” puede producirse entre iguales, pero es nefasto si se ejerce entre profesor-alumno, entre padre-hijo o entre el jefe y sus trabajadores, porque implica la pérdida inmediata de autoridad del colega jefe. El principio de autoridad es fundamental en el conflicto de AUZSA en el que el jefe ayuntamiento tiene que exigir el estricto cumplimiento de sus obligaciones a sus subordinados que, en este caso, son la empresa concesionaria AUZSA y sus trabajadores. Cuando Santisteve se prestó al colegueo del “siempre he estado a vuestro lado” perdió una gran parte de la autoridad ante los trabajadores a quienes tenía que exigir el cumplimiento de sus obligaciones. Por descontado también perdió la autoridad ante la empresa que inmediatamente lo ubicó de parte de los trabajadores.

 

 Y el ninguneo actual también es incorrecto, porque en estos momentos, después de cien días de huelga, el alcalde tiene que recibir al comité de empresa, a los sindicatos, a los trabajadores o a quien le ofrezca como parece que le ofrecen, una solución al conflicto. No vale ahora enrocarse en posiciones “dignas” que no se han tenido en otros momentos, que alarguen aún más este conflicto indeseable que se ha llevado por delante la credibilidad del equipo de gobierno municipal y ha causado graves perjuicios a los zaragozanos y zaragozanas necesitados de usar el autobús para acudir al trabajo, a los centros de estudio o sanitarios, que son, por otra parte, la gente más sencilla que no disponen de transporte privado o que no puede pagarse durante tantos días transportes públicos más caros.

 

Cuando un conflicto laboral se enquista como le está sucediendo a esta huelga del bus urbano, algo o alguien lo está haciendo mal. Y yo sinceramente creo que quien primeramente lo hace mal es la empresa incumpliendo unos acuerdos laborales previos. Pero los que conocemos la realidad laboral y hemos participado en ella desde la trinchera sindical sabemos que eso tiende a suceder siempre: la empresa y sus directivos incumplen sus compromisos laborales siempre que pueden. En segundo lugar no lo ha hecho bien la representación sindical mayoritaria quien, a los ojos profanos de la inmensa mayoría de ciudadanos se ha descubierto como defensores de intereses exclusivamente corporativos y básicamente retributivos, perdiendo de vista la globalidad de la coyuntura social y económica, así como la situación laboral y salarial de los trabajadores de la industria, de la construcción o de los servicios y no digamos ya, la de los pensionistas y jubilados. Al igual que la empresa, tampoco me extraña, tratándose dicha representación mayoritaria de un sindicato de empresa, estrictamente corporativo.

 

Pero algunos, entre los que me cuento, quizás muchos, no esperábamos que el gobierno municipal lo hiciera mal, ejerciendo la política más nefasta que se puede realizar ante un conflicto que es la del laissez faire, laissez passer con expresiones como “estamos a vuestro lado pero no podemos hacer más”, “la responsabilidad es de la empresa”, limitándose a “hacer un seguimiento del cumplimiento de los pliegos”.

 

José Luis Trasobares ha dicho en estas mismas páginas que Santisteve sí puede (y debe) hacer algo refiriéndose básicamente al conflicto del autobús y unos días antes había escrito otro artículo con el significativo titular Santisteve, atropellado por el autobús. Con el debido respeto hacia este experto periodista, ni Trasobares ni yo somos personas sospechosas de querer malmeter en el gobierno de Zaragoza en Común, pero es que la paciencia tiene un límite, además de que los defensores de la nueva política proclaman como una de sus bondades que “hay que decir siempre la verdad” (Iglesias dixit) por lo que es hora ya de decirla para el bien de todos y por si estamos a tiempo de reconducir determinadas políticas.

 

 

Artículo publicado en El Periódico de Aragón el 17 de marzo de 2016

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