El abrazo

 

Si los símbolos son importantes, el pasado 7 de enero se produjo uno especialmente significativo: el traslado al Congreso de los Diputados del cuadro conocido como “El abrazo” del pintor valenciano Juan Genovés. Allí se ha instalado compartiendo espacio con los retratos de los reyes Felipe y Letizia, así como los bustos de los presidentes de la Segunda República Manuel Azaña y Niceto Alcalá Zamora y el de la precursora del voto femenino, Clara Campoamor.

 

“El abrazo”, pintado en 1976, es un icono de la Transición democrática y representa el protagonismo que tuvieron los trabajadores y las clases populares en el final de la Dictadura franquista, así como su capacidad de movilización para inaugurar una nueva etapa de libertad. Años más tarde, en 2003, Genovés replicaba “El abrazo” en una impresionante escultura dedicada a los Abogados de Atocha instalada muy cerca del despacho donde fueron asesinados por un comando de la ultraderecha en enero de 1977.

 

Su traslado al Congreso es fruto de la solicitud cursada por IU ante la Cámara y la petición al Museo Reina Sofía donde se encontraba la obra. Pero la instalación de “El abrazo” en la sede de la soberanía popular, adquiere un especial significado en estos momentos en los que comienza una legislatura apasionante, cuajada de incertidumbres.

 

Porque “El abrazo” del pueblo gritando libertad, pidiendo trabajo decente y con derechos, exigiendo justicia social y ayudas de emergencia para la gente de aquí y de fuera que lo está pasando mal, clamando por la paz y la convivencia entre los pueblos de España y entre las naciones del mundo … Ese abrazo es hoy tan necesario como hace cuarenta años.

 

Algunos, entre los que me incluyo, hemos teorizado que nos enfrentamos a una segunda transición democrática. Hemos constatado el agotamiento de muchas de las instituciones construidas en la primera transición: un Senado absurdo e inoperante, una Justicia necesitada de apoyos para mejorar su eficacia y blindar su independencia, un Sistema Electoral injusto que castiga a los partidos minoritarios y que no concede el mismo valor a los votos de los españoles, demasiadas instituciones dañadas por la Corrupción de sus gestores, duplicidad de Administraciones resolviendo los mismos problemas a los mismos ciudadanos derrochando el dinero de todos, una distribución injusta de la riqueza concentrada en menos manos que condena a la pobreza a amplios sectores sociales, una extraordinaria rigidez en el reconocimiento plurinacional de España …

 

Si recordamos los actos electorales de los diferentes partidos políticos o si leímos los programas con los que concurrieron a las elecciones del 20-D podemos constatar que con mayor o menor intensidad todos ellos plantean la necesidad de una reforma de la Constitución de 1978. Y las soluciones a los problemas mencionados que proponen PODEMOS, PSOE e IU son muy similares, y es lógico que así sea en cuanto partidos ubicados en el ámbito de la izquierda. Estas grandes coincidencias los habilitan para liderar un gran acuerdo político y parlamentario sobre esas bases programáticas comunes; pero además, la suma de los votos de estos tres partidos son 11.643.131, frente a los 10.715.976 votos obtenidos por la derecha representada por PP y C’s. Casi un millón más de españoles ha votado  a las opciones de izquierda, lo que les concede una especial responsabilidad y posibilidades reales de obtener mayoría parlamentaria, porque las opciones independentistas de Cataluña, ERC y DL no apoyarán al PP y C’s que les niegan toda legitimidad y razón de ser y el resto de votos con representación parlamentaria,  PNV, Bildu y Coalición Canaria presumo que tampoco apoyarán a la derecha. Por el contrario, algunos de estos parlamentarios pueden refrendar una opción progresista.

 

El acuerdo de la izquierda no va a ser fácil, porque junto a las cuestiones sociales, laborales y económicas de gran importancia sobre las que se podrían alcanzar acuerdos más fácilmente, hay otra que no es menor: el llamado “derecho a decidir” que se debe materializar en un referéndum que resuelva el grave problema de convivencia existente en Cataluña. El PSOE no está de acuerdo con esta consulta, a pesar de la posición favorable a la misma que en otros momentos mantuvo el PSC. Creo que el PSOE debería modificar su postura como están diciendo Pérez-Tapias y otras voces destacadas dentro del partido, porque el referéndum ni tiene por qué ser de autodeterminación, ni mucho menos supone la independencia. Ejemplo de esto tenemos en Europa con el referéndum de Escocia o los dos producidos en Quebec (Canadá). En todos ellos salió NO a la independencia, ¿por qué no podemos pensar que pasará lo mismo en Cataluña? Muchos creemos que es la única salida digna a un conflicto provocado por las fuerzas independentistas catalanas pero muy mal gestionado por el Gobierno de Mariano Rajoy.

 

El pacto de la izquierda es posible y debería producirse. Pero no hay que rasgarse las vestiduras si fuera necesario repetir las elecciones para flexibilizar los programas electorales en aquellos elementos más discrepantes y que el pueblo vuelva a opinar sobre ellos refrendándolos con su voto. En todo caso, “El abrazo” del pueblo español ya ha dicho que quiere un Gobierno progresista que lidere una segunda transición que nos proporcione otros cuarenta años de convivencia democrática, de riqueza, de trabajo y de derechos sociales para nosotros y para nuestros hijos.

 

Publicado por El Periódico de Aragón el 14 de enero de 2016

Anuncios