Anguita

 

Recordaréis aquella magnífica canción de Violeta Parra que decía: ¡Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma, que le están degollando a su paloma!

Ayer, 22 de diciembre, conocimos la opinión de uno de los santos padres de la izquierda comunista española, Julio Anguita quien en vísperas de la campaña electoral, en una entrevista en Público con ocasión de la presentación de su último libro, amenazó con regalarnos una próxima encíclica sobre la unidad de la izquierda, como único camino para alcanzar lo que él intentó y no consiguió: el sorpasso al PSOE. Detrás de su frase “Las siglas no son dioses ni altares y lo vamos a aprender con dolor la noche del 20 de diciembre” se escondía la profecía de unos malos resultados para la izquierda representada por PODEMOS e IU. Los resultados del PSOE no cuentan para la izquierda porque el conocido antisocialismo del califa rojo ubica a este partido en la “otra orilla”, junto al PP.

Anguita ha hablado dos días después del 20D y lo ha hecho en una entrevista en El Diario en la que dice algunas cosas interesantes, pero él mismo se descalifica y las descalifica con su obsesiva posición de seguir ubicando al PSOE en la derecha, junto al PP, manteniendo el fallido discurso de “las dos orillas”. Esta obsesión le lleva a afirmar que del 20D “el bipartidismo ha salido incólume” cuando, con los datos en la mano, ni PP ni PSOE pueden conseguir apoyos para formar Gobierno en una primera votación en el Congreso que alcance la mayoría de 176 diputados y tendrán que esperar a una segunda con más votos positivos que negativos que también se presenta extraordinariamente difícil. Asegura que “Rajoy será presidente, seguro” y lo afirma porque cuenta con el apoyo del PSOE “el PSOE y el PP están a partir un piñón” sigue diciendo el califa. ¡Qué lastima! Una mente lúcida que llevó a IU a sus mejores resultados en 1996 para a continuación precipitarla al vacío y a la debacle electoral con su discurso antisocialista de las dos orillas.

La profecía anguitiana anunciando dolores de parto para la noche del 20 de diciembre no se ha cumplido, afortunadamente. Los magníficos resultados electorales de PODEMOS expresan con total certeza que la estrategia de Vistalegre fue la adecuada y que la confluencia con IU entendida como una suma de siglas hubiera sido un error, lo que ya afirmo con rotundidad. Hasta ahora, para no herir susceptibilidades, me limitaba a expresar en mis opiniones públicas y publicadas que “la fruta de la unidad no estaba madura”. Hoy ya podemos afirmar que los buenos resultados electorales de PODEMOS han sido posibles gracias al mantenimiento de su perfil propio, sin mochilas añadidas que lejos de sumar podían haber lastrado este importante crecimiento, porque junto a una valiosa historia de trabajo por la justicia y la igualdad, esas mochilas también estaban cargadas de demasiadas luchas cainitas y de excesivas purgas excluyentes de la pluralidad.

Al principio de la campaña electoral muchos decían, incluso creo que algunos deseaban, que PODEMOS “se la pegara” en estas elecciones. Las encuestas así parecían indicarlo anunciando una tras otra el desplome de PODEMOS durante los últimos meses. Esos mismos agoreros advertían del bajón de Pablo Iglesias y de su presumible cansancio. El debate en Salvados con Albert Rivera les convenció de que Pablo Iglesias había perdido fuelle, energía y todo ese encanto personal que le acompañaba anteriormente.

No tenían en cuenta que Iglesias es un “líder carismático” como ya he explicado en este mismo blog, que en la historia de los pueblos se presenta en raras ocasiones y cuyo inconformismo, asertividad, capacidad de trabajo y de comunicación, con personalidad y voz propia que modula con maestría, unido a su gran formación científica y cultural, le iban a hacer posible levantar las expectativas electorales de PODEMOS y conducirlas a la remontada en toda España y a la victoria en Cataluña y País Vasco donde es la primera fuerza y también en Canarias, Galicia, Comunidad Valenciana, Navarra, Baleares y Madrid donde ocupa el segundo lugar o ciudades como Zaragoza capital donde PODEMOS también ocupa la segunda posición detrás del PP. Pero los agoreros tampoco tenían en cuenta que miles de personas voluntarias, como yo y tantos otros y otras, nos habíamos incorporado a trabajar en un proyecto en el que nos dejaban hacer cosas, nos daban cancha y juego sin codazos, sin prejuicios, sin preguntarnos de dónde veníamos ni comprobar hasta dónde llegaba nuestra “fe revolucionaria”. Liderazgo, un gran equipo en torno al líder y miles de personas trabajando con aquella ilusión que otros proyectos también tenían en sus comienzos pero que el lastre del sectarismo excluyente los condenarán a la desaparición si no son capaces de volver a los inicios y refundarse de nuevo soltando pesados lastres y tutelas innecesarias.

Anguita ha hablado y lamentablemente sigue defendiendo el discurso de las dos orillas que lo mantiene anclado en la historia de la ahora llamada vieja política. Yo espero que todos los que observamos la realidad política supiéramos leer correctamente los mensajes que nos dejan las elecciones del 20D. Entre estos mensajes hay uno fundamental: los españoles nos han dicho que quieren que los políticos hablen mucho entre ellos y sean capaces de pactar, poniendo los problemas de la gente en el centro del tablero (ése y no otro es el concepto de centralidad política) preservando el mayor bien en cualquier sociedad que es la convivencia, lo que necesita de una gran capacidad de diálogo y de acuerdo. También nos han dicho que hoy no hay espacio político a la izquierda de PODEMOS que es el partido que ha sabido leer mejor las necesidades de la gente y la realidad plurinacional del Estado español. Sigamos en ello.

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