Bronca

“Y por encima de todo, incluso en la polémica más áspera, nunca pierde los papeles”

José Luis López Bulla dedica esta frase a la que creo que será la futura alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en representación de la candidatura Barcelona En Comú.

La frase forma parte del artículo Ada Colau y Marcelino Camacho escrito el pasado 22 de abril en el blog Metiendo bulla, en el que mi admirado don Pepe Luis realiza una valoración crítica sobre los riesgos que conlleva el culto a la personalidad, a raíz de la posible utilización del rostro de Ada Colau en la papeleta electoral, un uso innecesario porque Ada es una cara, como dice López Bulla, “suficientemente conocida” y que “seduce y no solo a sus parciales”. Recomiendo la lectura de esta interesante reflexión que acaba recordando a Marcelino Camacho del que dice que era una persona “fundamentalmente querida” que “ni quería el culto a la personalidad, ni le hubiera gustado”.

Pero no quiero hablar del culto a la personalidad sino de esa frase que López Bulla dedica a Ada Colau: “Y por encima de todo, incluso en la polémica más áspera, nunca pierde los papeles”.

No perder los papeles es una de las muchas cualidades positivas de Ada Colau y debe ser una de las muchas cualidades positivas que acompañen la personalidad de cualquier líder político o sindical. Pero yo quiero dar un paso más: “no perder los papeles, incluso en la polémica más áspera” debería formar parte de las cualidades básicas de toda persona humana.

Si hay algo que nos identifica como humanos y nos diferencia del resto de animales es nuestro carácter social. Es la necesidad que tenemos de relacionarnos con nuestros semejantes. Es, sobre todo, nuestra capacidad de empatía, es decir, de ponernos en el lugar del otro para intentar comprenderlo, aceptarlo como es y si es posible, quererlo como es.

Las relaciones humanas a veces se tornan complicadas porque, desgraciadamente, hay gente en nuestro entorno que es capaz de “perder los papeles”, incluso en “polémicas poco ásperas”. Y ello se recrudece cuando las relaciones humanas se realizan en el marco de actividades que generan pasión, una de ellas, la actividad política.

¿Quién no ha escuchado alguna vez en el contexto del debate político expresiones como “voy a ir a por ti” o “agárrate a los machos” o “y qué pasa pues” o “nos estás insultando” o “eres un vendido”, etcétera, etcétera?.

Los que pierden los papeles, no sólo emiten ese tipo de expresiones broncas y ácidas, sino que lo hacen ostentosamente, tomando la palabra en una reunión pública sin que nadie se la haya dado, gritando de manera desaforada como si al elevar el volumen de su voz pretendieran tener la razón que casi nunca les asiste, e incluso mantienen la bronca en lugares privados, fuera del ámbito en el que se ha producido inicialmente, presos de una sinrazón que les incapacita para marcar un límite entre el ámbito público y el privado.

Hay que desterrar este tipo de comportamientos en toda relación humana. Y por descontado, hay que eliminarlos del debate político que es un debate de ideas y de propuestas con el que se busca llegar a un punto de encuentro y no de desencuentro. Ni qué decir tiene que “los que pierden los papeles” generan desencuentro, porque los gritos y las palabras de grueso calibre, en ocasiones son el preludio de otro tipo de comportamientos violentos que hay que erradicar de la convivencia humana.

Llevo muchos años en actividades de carácter público teniendo que defender ideas. Y me considero vehemente. Batallo incansablemente en la defensa de mi posición (nótese el uso consciente de batallar, defensa, posición … expresiones todas ellas de connotación bélica) pero, aún a riesgo de parecer pretencioso, creo que en esto me parezco de alguna manera a Ada Colau que “Y por encima de todo, incluso en la polémica más áspera, nunca pierde los papeles”, porque en la confrontación más severa puede mantenerse la empatía o, en todo caso, la serenidad, o si ésta tampoco es posible, la educación que utilizo como sinónimo de civismo. Si falla la empatía, la serenidad o la educación, si no puedes mantener en un debate un  comportamiento cívico, democrático y respetuoso, “levántate y vete”.

Creo sinceramente que no suelo perder los papeles, al menos lo intento siempre y creo que lo consigo casi siempre. Lo transmito a todas las personas cercanas que me acompañan en mi vida personal, familiar y pública, animándoles a que lo practiquen. Y ante la bronca, si “el broncas” no se va dado que está convencido de que tiene la razón, me voy yo, porque ya sabemos que “dos no riñen si uno no quiere”. Doy un pasito atrás, convencido de que el tiempo pondrá las cosas en su sitio, dando la razón a unos o a otros, casi siempre a los más razonables.

Te invito a que hagas lo mismo porque la convivencia es el mayor bien que hay que preservar.

Anuncios