Elecciones2015

Casi hace cuatro años, en noviembre de 2011, escribí en este blog una tetralogía que titulé ¡No sé a quién votar! En cuatro capítulos relaté una conversación, algo novelada, con mi amigo Antonio –nombre ficticio- trabajador de la mayor empresa aragonesa del metal, en la que analizábamos la coyuntura y el ambiente político y sindical que vivíamos en los días previos a las últimas elecciones generales celebradas un infausto 20N y llegábamos a una conclusión respecto del voto. Todo ello en un entorno propicio a la conversación y a la complicidad como es una buena mesa y una buena tabla de jamón y queso, regada con los mejores caldos de garnacha aragonesa.

A lo largo de este año 2015, año electoral, se producirán miles de conversaciones similares a aquella. En entornos familiares, laborales, lúdicos o vecinales charlaremos sobre el sentido de nuestro voto que habremos de ejercer en nuestro Ayuntamiento, Comunidad Autónoma y en el Parlamento del Estado.

Al igual que mi amigo Antonio en aquella conversación, mucha gente se plantea inicialmente la abstención. Esperemos que sólo sea inicialmente y lleguen a la conclusión del tremendo error que supone no votar y el beneficio directo que reporta a los enemigos de la democracia, entre ellos, los tan traídos y llevados “mercados”, es decir, aquellos cuyo único Dios es el dinero.

Hay que votar. Y hay que hacerlo libremente, depositando el voto a aquella opción política que cada cual crea que defiende mejor los intereses generales y aporta mejores propuestas para salir del atolladero actual en el que nos encontramos.

No se debería votar dejándose llevar por la inercia de lo que siempre hemos votado, pero tampoco se debería cambiar el sentido de nuestro voto dejándonos llevar por el “partido de moda” si no hemos hecho una reflexión previa sobre él.

He de confesar que mi voto es bastante repetitivo. No siempre, pero la mayor parte de las veces he votado la misma opción política. Pero sí es verdad que siempre me he contestado las mismas preguntas para convencerme de que no me equivoco en mi decisión. Preguntas similares a éstas:

1.- ¿Defenderá la distribución de la riqueza favoreciendo más a los que tienen menos?

2.- ¿Apoyará la creación de empleo y la protección a las personas que no tienen trabajo?

3.- ¿Priorizará la Educación y la Sanidad Públicas, gratuitas, universales y de calidad?

4.- ¿Promoverá el acceso a una vivienda digna para todo el mundo y que nadie viva en la pobreza energética?

5.- ¿Asegurará que todos los niños tendrán derecho a un plato de comida gratuito en el comedor de su colegio?

6.- ¿Recuperará el apoyo y las ayudas a las personas dependientes y a sus familias?

7.- ¿Favorecerá la convivencia de la diversidad y el encuentro entre los pueblos?

8.- ¿Aspirará a construir una sociedad de hombres y mujeres libres, iguales y diversos?

9.- ¿Incentivará mi participación política más allá del voto el día de las elecciones?

10.- ¿Garantizará una gestión transparente de la Administración Pública, sin corrupción ni corruptelas, con políticos que ejerzan la política con actitud de servicio y no para servirse de ella porque no tienen otro oficio ni beneficio previo?

Lo dejo ahí, en el diez, intentando emular, sin conseguirlo aunque quisiera, otros decálogos famosos como el del genial filósofo británico Bertrand Russell.

Mi viejo amigo Antonio, que sigue tan “mosca cojonera” como siempre, me dirá con su acostumbrada socarronería que “para este viaje no hacen falta muchas alforjas” y además que a él le suena que varios partidos políticos propondrán medidas similares a las de mi decálogo.

Mi amigo y compañero del metal sabe, que ya sería bueno que todo el mundo a la hora de ir a las urnas se planteara al menos esos diez interrogantes para ejercer un voto lo más consciente posible.

Y respecto de la proximidad ideológica de los partidos que proponen cosas similares, ahí es donde viene lo divertido porque además de la razón, deberemos dejar actuar también al corazón, lo que puede dar lugar a otro próximo artículo.

Os pongo a continuación los enlaces a aquella conversación que mantuve con Antonio un 4 de noviembre de 2011 y que publiqué en vísperas de las Elecciones Generales de aquel año:

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