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             Ríos de tinta han corrido y corren cada día sobre el fenómeno Podemos, su nacimiento hace apenas  un año, sus magníficos resultados en las elecciones europeas y sus impresionantes previsiones electorales en las próximas convocatorias autonómicas y en las elecciones generales.

            Los más sesudos analistas políticos exponen diferentes razones intentando explicar este fenómeno. Dicen algunos, que la razón fundamental se encuentra en la crisis y sus efectos negativos sobre amplias capas de la población, incluida la llamada clase media que también ha vuelto sus ojos sobre Podemos, a la vez que lo hace gran parte de una juventud abocada al paro y a la emigración, los parados y los desamparados, así como un importante sector de la clase trabajadora organizada.

             Dicen también que Podemos son los principales herederos del 15-M y que también son los que mejor han sabido capitalizar las movilizaciones de las Mareas y las Marchas de la Dignidad, a la vez que han protagonizado de una manera indiscutible otras movilizaciones como la de los enfermos de Hepatitis C, teniendo también una presencia importante en otras como Stop Desahucios.

             También dicen que la cúpula de Podemos son gente muy preparada técnica y culturalmente, lo que es bastante indiscutible siendo muchos de ellos profesores, a la vez que manejan con maestría las más avanzadas técnicas de comunicación audiovisual y las redes sociales.

             Es cierto también que determinados medios de comunicación le han concedido a Podemos bastantes espacios, favoreciendo la difusión de sus propuestas.

             Y por descontado, es cierto también que a los nuevos aires que trae Podemos les favorece  el hastío de la sociedad hacia las llamadas “viejas formas de hacer política” en las que se encuadran los partidos políticos tradicionales implicados, unos mucho más y otros mucho menos, pero todos ellos, en la corrupción.

             Finalmente creo que es un acierto la política comunicativa de los mensajes de Podemos: concisos, claros, concretos, con una ambigüedad interclasista e ideológica calculada, huyendo de etiquetas y de clichés apriorísticos.

             Magnífico, como dice un buen amigo: para quitarse el sombrero, la gorra, la boina o la pieza con la que cada uno se toque el cuero cabelludo, si es que se lo toca.

            Pero hay algo más en el fenómeno Podemos. Algo más que a mi parecer tiene una importancia trascendental y que el lector habrá descubierto tras la lectura del titular de este artículo: Pablo Iglesias es un líder carismático.

            Yo, como mucha gente, he leído y leo biografías de personas célebres, de grandes personalidades y de grandes líderes sociales, de esas personas que con su impronta han aglutinado muchas voluntades en torno a ellos, han promovido grandes movimientos sociales y políticos y con ello, han sido capaces de contribuir de manera decisiva en las transformaciones sociales. No los nombraré para evitar caer en comparaciones absurdas porque cada uno tiene su impronta y carisma peculiar, unos sociales, otros religiosos, otros políticos. Pero cuando lees las cualidades de los llamados líderes carismáticos descubres que algunas de ellas, muchas quizás, coinciden en la personalidad del líder de Podemos Pablo Iglesias.

            Pablo Iglesias, por lo que lo conocemos y ya tenemos una idea bastante precisa de él es una persona profundamente inconformista –ahí está su posición política radicalmente crítica con el sistema actual- creativa –explorando áreas de conocimiento como las comunicativas ajenas a su especialidad que es la ciencia política- asertiva y con capacidad de escuchar para aprender como dice él –véanse sus entrevistas en La Tuerka, por ejemplo- inspira confianza –argumenta con rigor, precisión y con amplio bagaje de conocimientos- es coherente y predica con el ejemplo –salario máximo de los eurodiputados de Podemos, viajes en clase turista, por ejemplo- visionario –capaz de elaborar un proyecto como Podemos que lo distingue del resto de partidos políticos- habla de Podemos, de manera colectiva, en plural y pocas veces de sí mismo, transmite esperanza y ahí está el tremendo seguimiento que arrastra en todas sus comparecencias públicas y finalmente tiene un estilo propio y una voz propia que modula con maestría, lo que en las técnicas comunicativas anglosajonas se denomina finding their voice.

            Todas estas cualidades que he enfatizado en negrita son las que especialistas como Max Weber,  John Maxwel o David Fischman por poner algunos ejemplos, atribuyen a los líderes carismáticos.

            Para mi gusto, a Pablo Iglesias le falta en ocasiones un poco de humildad y en su última intervención pública televisiva hizo gala ante un personaje del periodismo bastante despreciable de un estilo en el límite de lo “macarra”, impropio de un candidato indiscutible a la presidencia del gobierno de España.

            De todas maneras es sabido que la perfección no existe, aunque algunos se acerquen a ella.

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