La Huelga General del próximo jueves, 29 de marzo, está convocada para intentar frenar la mayor agresión que vamos a soportar los trabajadores de este país en los últimos 35 años, que son los que va a cumplir nuestra democracia.

La Reforma Laboral aprobada por el Gobierno del señor Rajoy el pasado 12 de febrero, establece el despido libre y gratuito para el 99% de las empresas de España, que son las de menos de 50 trabajadores, con el nuevo contrato para emprendedores. Este contrato permite el despido sin causa y sin indemnización durante el primer año de contratación de un trabajador, un contrato además que discrimina negativamente a los parados sin prestación. Por otra parte, el despido improcedente pasa de una indemnización de 45 días por año con un máximo de 42 mensualidades a 33 días por año con un máximo de 24. Y además, pocos serán a partir de ahora los despidos improcedentes porque la Reforma establece la posibilidad de despedir con 20 días y un máximo de 12 mensualidades a las empresas que aleguen una disminución de ingresos –no hace falta que tenga pérdidas- durante 9 meses seguidos, sin ningún tipo de control judicial. En los EREs no hace falta autorización administrativa, ni siquiera acuerdo con el Comité de Empresa y facilita el despido por absentismo de un trabajador que tenga 8 faltas en dos bajas por enfermedad común durante dos meses consecutivos. Pero además, se le concede un poder enorme al empresario que podrá modificar condiciones laborales tan sustanciales como el salario o la jornada de forma unilateral, sin tener en cuenta la opinión de los sindicatos ni de los trabajadores y un largo etcétera de despropósitos que justifican los calificativos que hemos puesto desde el Sindicato: ésta es una reforma injusta con los trabajadores, ineficaz para la economía e inútil para crear empleo.

Pero hay más razones para la Huelga. A estas alturas no se le oculta a nadie que las políticas de reducción del déficit atentan contra el corazón de los servicios públicos gratuitos y de calidad que hasta ahora disfrutábamos todos los ciudadanos. Estoy hablando de los Servicios Sociales, de la Sanidad, de la Educación, de la Dependencia. También hablo de las prestaciones por desempleo, de las ayudas sociales a los parados que han acabado con todo tipo de prestaciones y siguen sin encontrar trabajo. Y podemos comprobar cómo se están reduciendo esos servicios en muchas Comunidades Autónomas, aunque es cierto que aquí, en Aragón, los recortes han sido hasta el momento de baja intensidad, lo que hay que decir, porque “lo cortés, no quita lo valiente”.

Y aún hay más. Los empresarios están pidiendo la modificación de nuestro derecho de defensa que es la Huelga, se pide también que se limite la capacidad de los sindicatos modificando la Ley de Libertad Sindical, se nos quiere debilitar al máximo posible para acabar con todos y cada uno de los derechos laborales.

Por todo eso hemos convocado la Huelga General del próximo 29 de marzo. Y ante esta situación, hay muchos trabajadores que están viendo claramente que es necesario participar, ahora más que nunca, pero hay otros, muchos de ellos en la Función Pública, que ponen un montón de excusas para justificar que no van a hacerla.

“No voy a perder un día de salario”, dicen algunos, sin valorar que la pérdida económica con la aplicación de la Reforma Laboral y con las políticas de ajuste económico supondrán una reducción mucho mayor. Perdamos pues un poco para intentar salvar mucho más.

“Que la haga la gente que está peor y sobre todo los parados que no hacen nada”. Con la gente que manifiesta esta opinión hemos perdido la batalla de lo colectivo. Suele ser gente individualista, que va a lo suyo y que no entienden que sólo de manera colectiva, entre todos, podemos frenar las agresiones de los poderosos.

Relacionado con lo anterior, están también aquellos que dicen “esto no va conmigo”. Entre ellos están muchos empleados públicos, normalmente funcionarios. Aún no se han enterado de que esta Reforma Laboral ha abierto ya la puerta a que puedan ser despedidos los empleados públicos en régimen de Contratación Laboral. Sí, sí; estamos hablando de personas que también han accedido por oposición a una plaza pública y que tenían garantizado su puesto de trabajo hasta esta Reforma, que permitirá que las diferentes Administraciones prescindan de ellos con la misma facilidad que una empresa privada. No se aplican el dicho aquel de que “cuando las barbas de tu vecino veas quemar, pon las tuyas a remojar”. Tampoco, aquellas palabras del reverendo Niemöller que en 1945 a propósito de los Nazis, explicó que “Primero vinieron a por los comunistas, pero yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron a por los judíos, pero yo no hablé porque no era judío. Después vinieron a por los católicos, pero tampoco hablé porque era protestante. Después vinieron a por mí, y para entonces, ya no quedaba nadie que hablara por mí, ya era demasiado tarde”. Queridos funcionarios, entre los que me encuentro: todos, absolutamente todos, estamos en el punto de mira, antes o después. Muévete ahora, antes de que sea demasiado tarde. Pero además, si esto no va contigo ¿acaso no tienes hijos, hermanos, amigos o vecinos a los que sí les afecta? ¡Hala pues! seamos un poquito solidarios y recuperemos aquella vieja consigna de que “el pueblo unido jamás será vencido” o aquella otra menos combativa pero igualmente útil de que “la unión hace la fuerza”.

Hay quien tiene “miedo” a ser despedido o a ser sancionado de alguna manera. Ésta es otra excusa bastante comprensible. Y es cierto que cuesta mucho convencer a un compañero de una empresa pequeña de que no debería tener miedo porque la Huelga es un derecho constitucional. Que el miedo es irracional y que, o paramos esta Reforma o nos vemos pronto en el siglo XIX, sin derechos, sin sindicatos o con condiciones laborales como las de los bazares chinos –ya lo han propuesto algunos empresarios- con largas jornadas de trabajo, incluidos sábados y domingos, por poco más que un cuenco de arroz. A eso sí hay que tener miedo.

Y finalmente hay quien dice que “El Gobierno tiene mayoría absoluta y no va a modificar nada”. Puede ser cierto, pero lo realmente seguro es, que la batalla que está perdida de antemano es la que no se libra. Además, “árboles más altos han caído”, si nos acordamos de la huelga general de 1988, la del 14D, siendo Presidente del Gobierno Felipe González, que con su mayoría absoluta no tuvo otro remedio que rectificar su reforma laboral y realizar el llamado “giro social” en sus políticas económicas.

Cada cuál sabrá lo que tiene que hacer, pero, de verdad, el que no haga huelga que después no venga a quejarse o a decir esa pamplinada de ¿qué hacen los sindicatos?.

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