El pasado 2 de junio, pocos días después de las Elecciones Municipales y Autonómicas, escribía en este blog una entrada titulada “Me gusta la foto de Nieves y Adolfo hablando de presente y de futuro”. Apostaba en ese artículo porque hicieran un ejercicio de generosidad y consiguieran el máximo de acuerdos en las Instituciones donde los números permitieran gobiernos de izquierda. Decía también que esas experiencias unitarias podrían facilitar retos mayores de carácter preelectoral en un futuro que me atrevía a calificar de próximo, sin otro dato que la intuición derivada de hacer virtud de la necesidad.

Pues bien, aquí en Aragón va a ser posible (también lo va a ser en otras Comunidades). CHA e IU han alcanzado un acuerdo que va a permitir representación de la izquierda aragonesa, a la izquierda del PSOE, en el Congreso de los Diputados, lo que es extraordinariamente importante. Daré tres razones entre otras muchas que se me ocurren.

En primer lugar, porque los electores de IU y CHA van a sentirse satisfechos. Su voto no se va a perder por los “desagües” preparados por la actual Ley Electoral que beneficia a los partidos mayoritarios gracias al efecto combinado de la ley D’Hont y el tamaño de las circunscripciones provinciales, sin ningún mecanismo corrector.

En segundo lugar, porque la presencia física de una izquierda aragonesa en el Congreso de los Diputados, a la izquierda del PSOE, ayudará a constituir un Grupo Parlamentario de la Izquierda más numeroso que el actual.

Hoy es más necesaria que nunca la existencia de un Grupo potente de la Izquierda en el Congreso de los Diputados para defender los derechos sociales que configuran el Estado del Bienestar, seriamente amenazados por las políticas de derechas. Es también necesario para impulsar medidas progresistas para la salida de la crisis, impidiendo que se sigan dañando cada vez más los derechos de los trabajadores y de las clases sociales mas desfavorecidas. El componente aragonesista, por otra parte, garantizará que los problemas y necesidades de Aragón se planteen con mayor facilidad en el Parlamento. Así mismo es también necesario, porque en el supuesto, improbable según las encuestas, de que el PSOE consiguiera mayoría para formar Gobierno, la presencia de una Izquierda con representación suficiente influiría en la orientación de las políticas del PSOE hacia las posiciones socialdemócratas que le deberían ser propias, fundamentalmente en materia económica y laboral.

Y en tercer lugar es importante porque, como decía en aquel artículo, CHA e IU, con esta decisión, han dado unos pasos que, al ser los primeros, son los más complicados, pero permitirán acumular experiencia y cultura unitaria para avanzar hacia mayores dosis de unidad de acción en las instituciones donde actualmente tienen representación y con carácter preelectoral en futuras citas electorales. La “cultura de la suma” a la que aludo frecuentemente debe presidir las estrategias y tácticas presentes y futuras de la izquierda en su conjunto.

La unidad siempre es positiva. IU y CHA lo tienen claro y sus votantes también. Sin embargo, hay sectores en el PSOE que este acuerdo lo valoran negativamente porque consideran que la representación que obtenga la coalición de izquierdas será a costa de los diputados que consiga el PSOE. Es posible, pero está por ver si es a costa del PSOE o a costa del PP por el beneficio extra que otorga la ley D’Hont al partido que consigue más votos.

Pero aunque así fuera, la izquierda, incluido el PSOE que más pronto que tarde deberá orientar sus propuestas hacia la izquierda y hacia su base social, necesita tener en estos momentos una gran altura de miras y ejercer políticas unitarias si quiere ahora frenar el extraordinario avance de la derecha y recuperar posiciones en un futuro. Lo exige además su propia supervivencia política. Pero sobre todo, lo necesitan los trabajadores y los sectores más vulnerables de esta sociedad.

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