El titular de este artículo, en Matemáticas,  lo llamaríamos “proporción” que se define como la igualdad de dos “razones”: dos es a tres como cuatro es a seis o siete es a nueve como veintiuno es a veintisiete. Tras esta entradilla lúdico-festiva vayamos a lo que quiero decir.

Comenzaré pidiendo disculpas a los fans de ambos personajes que me consta que son muchos, porque ciertamente estamos ante dos personalidades muy diferentes que, sin embargo, desde mi punto de vista, tienen un elemento en común: el modelo personalista de liderazgo que ambos han ejercido en sus partidos políticos, PSOE e IU, respectivamente.

Nadie pone en duda hoy, que el pasado 22 de Mayo el PSOE experimentó una grandísima debacle electoral, tanto en los comicios autonómicos en los que perdió todas las comunidades autónomas donde gobernaba y no recuperó ninguna ajena, como en las elecciones municipales. Me olvidaré de las comunidades autónomas pues no se celebraron elecciones en todas ellas y me referiré exclusivamente a los Ayuntamientos que sí se renovaron en su totalidad.

Pues bien, el PSOE ha perdido en estas últimas elecciones municipales la friolera de 1.484.778 votos, pasando de los 7.760.865 votos que consiguió en las celebradas en 2007 a 6.276.087 en estas últimas y de 24.029 concejales a 21.767. Muchos concejales y alcaldes del PSOE, amigos míos algunos de ellos, se preguntaban: ¿cómo hemos podido perder si hemos trabajado muchísimo, nuestro municipio tiene unos servicios públicos excelentes, la gente tiene un nivel de vida razonablemente bueno “para la que está cayendo” y las relaciones entre el Ayuntamiento y los vecinos han sido positivas? Mi respuesta siempre ha sido la misma: amigo mío, tus vecinos le han dado una patada a Zapatero, en tu culo. Han analizado la mala gestión de la crisis económica hecha por el Gobierno del señor Zapatero y se han olvidado totalmente de las muchas cosas positivas que habéis hecho en tu Ayuntamiento. No hay otra razón que lo explique. Y lo mismo podríamos decir de algunas Comunidades Autónomas gobernadas hasta ahora por el PSOE.

De igual manera, IU recibió un severo castigo electoral en 1999 cuando, tras los brillantes resultados electorales de 1995, Julio Anguita enarboló la bandera del discurso de las dos orillas, según el cual, la única izquierda era IU que estaba en una orilla del río y en la otra estaban todos los demás que, como eran iguales, no importaba quien gobernara. Este análisis, trufado con el “antisocialismo” patológico del PCE de Julio Anguita, hizo que IU se embarcase en peligrosas alianzas con el PP conocidas como “la pinza”. Resultado: descalabro electoral cuatro años después, en 1999. Otra patada en culo ajeno, esta vez el de 1.198 concejales de IU que no fueron elegidos en 1999 a pesar, de que posiblemente en sus pueblos y ciudades habían estado trabajando “a lomo caliente” durante los últimos cuatro años. IU en 1999 perdió 1.201.880 votos pasando de 2.589.780 votos y 3.493 concejales que consiguió en las elecciones municipales de 1995 a 1.387.900 votos y 2.295 concejales en las de 1999.

Y creo, sinceramente, que aunque la realidad es mucho más compleja, incluso poliédrica que se dice ahora de manera un tanto pedante, una parte importante de la causa de estos descalabros hay que buscarla en que el liderazgo practicado por Rodríguez Zapatero hoy en el PSOE y el que antes ejerció Julio Anguita en IU es un modelo tan unipersonal y centralista, que se produce una identificación entre el líder y el partido político al que representa.

Es cierto que el partido siempre es una realidad mucho más rica y plural, pero la sociedad que vota, a la que llamamos electorado, no realiza esta segunda lectura, “castigando” con su voto las políticas desacertadas de los máximos responsables de los partidos, sin caer en la cuenta, de que a quien realmente está castigando es a los alcaldes y concejales de los Ayuntamientos y a los presidentes o consejeros de Comunidades Autónomas que han trabajado con ilusión y muchas veces con acierto en los temas municipales o autonómicos que les corresponden.

La historia, una y otra vez, se encarga de demostrarnos que los modelos centralistas y unipersonales entrañan graves riesgos, porque la identificación líder-partido conlleva que los éxitos o los fracasos del líder se trasladen de manera mimética al partido, lo que es totalmente injusto. Y evitaré conscientemente, más allá del simple comentario que voy a hacer, cualquier alusión explícita al autoritarismo implícito de este modelo que acabo de comentar.

Lo dicho hasta aquí sirve también para cualquier otro tipo de asociación humana. He hablado de dos partidos políticos concretos, pero lo extiendo también a todos los demás sean de ámbito estatal o autonómico, de izquierdas o de derechas y a los sindicatos y a las asociaciones de cualquier clase o condición.

Afrontamos nuevos tiempos. Y en estos nuevos tiempos, entre otras muchas tareas debemos poner manos a la obra para recomponer, reconstruir, repensar, recalcular, recalificar, recoger, reunir … son los tiempos de RE que dice una buena amiga mía, profesora de la Universidadde Zaragoza.

Pongámonos pues manos a la obra, escuchemos los mensajes horizontales y participativos que nos han lanzado a la cara desde el 15M y pongamos el RE en el horizonte inmediato. Porque musicalmente, además, es una nota perfecta, a un tono completo tanto de DO que le antecede como de MI que le sucede, a diferencia de otras que tan solo están a medio tono. Los que participemos en estos nuevos tiempos no nos podemos permitir ni medios tonos, ni medias tintas, ni trabajar a medio gas.

Feliz verano. Este blog queda, con esta nueva entrada, dormido hasta septiembre. El día 27 de julio os mandaré un fuerte abrazo desde las tierras de Pompeya, siempre atenta a los sonidos del Vesubio.

Anuncios