Ayuntamiento de Zaragoza constituido el pasado 11 de junio

Lo dejaré claro desde estas primeras líneas para que no quepa ninguna duda: lamento profundamente que en un cierto número de ayuntamientos de toda España hayan sido elegidos alcaldes del PP porque IU no ha apoyado al candidato del PSOE. Pero también lamento que el PSOE haya facilitado alguna alcaldía al PP impidiéndosela a IU y otro tipo de combinaciones curiosas enumeradas en “Algunas sorpresas electorales” de Nueva Tribuna.

El mal ya está hecho y ahora lo que procede es analizar las causas de estos desencuentros y plantear soluciones que impidan que esto vuelva a repetirse en un futuro.

Los reproches hacia IU provenientes del PSOE pueden dejar tranquila la víscera de quien los diga, pueden tener una parte de razón, pero sin matices pueden caer en la exageración y por tanto ser injustos. Al contrario, las justificaciones de IU pueden sonar a excusas de mal pagador. Veamos.

Reproches a IU como los del Presidente del Congreso, José Bono, del PSOE son, al menos, exagerados. Ven el vaso “medio vacío” en lugar de verlo “medio lleno”. Porque junto al reproche por los Ayuntamientos en los que IU no ha apoyado al PSOE debería hacer constar también aquellos, que son más, en los que sí lo ha hecho. Y entre ellos, capitales de provincia como Segovia y la que sin duda va a ser el buque insignia del PSOE a lo largo de esta legislatura, Zaragoza, quinta ciudad de España por número de habitantes, que seguirá gobernada por el alcalde socialista Juan Alberto Belloch, gracias al apoyo de IU y de CHA.

Las justificaciones del Coordinador General de IU, Cayo Lara, por otra parte, suenan a “excusas de mal pagador”. No debería echar balones fuera exculpando la responsabilidad que le corresponde a IU en esos ayuntamientos donde su falta de apoyo al PSOE ha permitido un alcalde del PP, cuando a lo largo de toda la campaña electoral ha repetido hasta la saciedad que IU no iba a permitir “ni por acción, ni por omisión gobiernos de la derecha”.

Por ello, insisto, olvidémonos de los reproches de unos, de las justificaciones de otros y trabajemos en positivo para que en 2015 esto no vuelva a repetirse o lo haga con mucha menor intensidad.

Y el remedio no es otro que empezar a construir una nueva cultura en la izquierda sobre bases cada vez más unitarias. El tsunami de la derecha sólo puede frenarse con la mayor unidad de acción de la izquierda. Como he dicho otras veces, la unidad de acción entre los sindicatos mayoritarios es un bien preciado, que nos costó muchísimo construir y que tan buenos frutos ha conseguido para el conjunto de los trabajadores y de la sociedad española.

Es conocido el sectarismo endémico de la izquierda, a la izquierda del PSOE. En parte, por creerse depositaria de “la verdad de izquierdas”, sobre todo en aquellos lamentables tiempos del “discurso de las dos orillas” de Anguita. Y en parte también por ese antisocialismo genético de muchos dirigentes vinculados al PCE. Por éstas y otras razones, IU tiene, en palabras de López Bulla, esa “bulimia generalizada de empeñarse en ser cabeza de ratón” y mientras eso no cambie, la unidad no será posible.

Pero también es conocida la prepotencia del PSOE y su tendencia a gobernar mirando hacia la derecha. Esa prepotencia le ha llevado a ignorar muchas veces y a ningunear casi siempre, a todos aquellos partidos que se sitúan a su izquierda, negándoles un espacio político propio. Por otra parte, pueden ponerse todo tipo de ejemplos en los que el PSOE ha preferido gobernar apoyándose en opciones a su derecha, bien sea en el Gobierno como es el caso del PAR en Aragón, o en el Congreso de los Diputados con CIU, PNV o Coalición Canaria, por poner algunos ejemplos. Y mientras esto no cambie, la unidad tampoco será posible.

El PSOE hoy ya no es invulnerable. Se ha demostrado el 22-M y no puede predecirse su grado de vulnerabilidad ante las próximas elecciones generales. Su izquierda, IU con carácter general y otras opciones políticas de carácter nacionalista como CHA en Aragón, el BNG o Esquerra Republicana en otras comunidades autónomas, no ha recogido ni una mínima parte de los votos que ha perdido el PSOE. El mapa de España se ha teñido de azul y ante eso ya no deberían caber ni prepotencias, ni sectarismos, ni reproches, ni justificaciones.

Fui concejal durante casi doce años en Tarazona, bonita ciudad aragonesa a los pies del Moncayo. Sé por mi experiencia que en los Ayuntamientos se producen desencuentros y hasta enemistades, con mucha mayor facilidad y virulencia que en otras instituciones superiores, de mayor tamaño. Como suelo decir a veces, el tamaño del municipio suele ser inversamente proporcional al nivel de conflictividad de su Ayuntamiento. Es decir, cuanto menor es el pueblo, mayores son los conflictos personales que se producen entre sus representantes municipales. Este fenómeno es fácilmente constatable, poco discutible, y cuando se produce será difícilmente reconducible si no se cambian las personas que concurran a las siguientes elecciones municipales.

Sin embargo, sí son reconducibles los conflictos de naturaleza política. Y ahí todos deberán poner de su parte. Unos, abandonando sus posiciones tradicionalmente sectarias de carácter antisocialista, otros mirando hacia su izquierda, reconociéndola y dándole carta de naturaleza en pie de igualdad y todos haciendo gala de una virtud poco común en estos tiempos que corren que es la generosidad.

Tenemos cuatro años por delante hasta las próximas Elecciones Municipales, ¡aprovechémoslos!

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