Confieso que he mantenido desde el primer momento una actitud escéptica ante el Movimiento 15-M. Escepticismo compartido por muchas personas ubicadas como yo en el ámbito de la izquierda política y sindical “organizada”.

Nos cuesta aceptar movilizaciones como ésta de carácter bastante espontáneo, sin objetivos claros y concretos, al menos en su inicio, sin límites temporales y sin una dirección definida que asuma la interlocución y las responsabilidades que, en su caso, se deriven de las diversas acciones convocadas.

Sin embargo, también desde el primer momento vimos con simpatía esta movilización. Miles de personas, en su mayoría jóvenes, expresaban su rechazo a la falta de alternativas para su desarrollo personal, laboral, familiar y social. La Confederación Sindical de CCOO sólo tardó dos días en hacer público un comunicado en el que se dice que sobran razones para la movilización social, que sobran motivos para que los ciudadanos manifiesten su malestar y que es un síntoma de higiene democrática que lo hagan.

Ha pasado casi un mes desde el inicio del Movimiento 15-M siendo innegable “… que ha supuesto una clara reivindicación de la democracia y de la política como medios imprescindibles para dar respuesta a un sistema social gobernado por los mercados financieros …”, como nos dice Joan Coscubiela, exsecretario general y actual presidente de la Fundación Cipriano García de CCOO de Cataluña en “Una mirada al 15-M” publicada en El País el 9 de junio.

Con carácter general, está siendo ejemplar y hasta ejemplarizante la capacidad organizativa y la actitud tolerante de la inmensa mayoría de las personas que participan en esta movilización.

Lamentablemente, sin embargo, esta buena imagen se enturbia considerablemente, tras los hechos violentos protagonizados por un grupo de los acampados en la Plaza del Pilar de Zaragoza, contra el Jurado que visitaba la ciudad el pasado 30 de mayo para evaluar nuestra Candidatura a la Capitalidad Europea de la Cultura 2016. Hechos que relata con precisión y una cierta amargura en su Facebook un testigo de los mismos, Sergio Vinade, agente cultural zaragozano que como él dice, “He pasado en 24 horas de ser un simpatizante más o menos activo del movimiento 15-M a ser uno de los increpados por éste” y también “… yo siento que algo que para mi era más que esperanzador, un movimiento social de cambio real, ha pasado a ser, por lo menos en lo que a Zaragoza respecta, un paraiso de la demagogia más extrema capitalizada por los de siempre….. Los que piensan que la cultura es que les dejen tocar los tambores en la calle”.

También tuvimos que lamentar la “cacerolada” que sufrimos en CCOO al día siguiente, 31 de mayo, por otro pequeño grupo de acampados que nos visitaron para proferir insultos y amenazas diversas, como nos cuenta el Secretario General de CCOO de Aragón en su blog, confundiéndose claramente de enemigo y desviando el tiro, posiblemente de forma no intencionada, aunque me permito dudarlo. La dirección del Sindicato estuvimos en la puerta “aguantando el chaparrón” e intentando establecer un diálogo con los visitantes, que resultó totalmente imposible.

Somos conscientes de que la inmensa mayoría del 15-M desaprueba estos hechos, aunque aún estamos esperando la condena de los mismos.

Estamos indignados, pero mucho y desde hace tiempo, como se nos recuerda en esta magnífica entrada de El Colmo del Olmo. Y desde múltiples organizaciones encauzamos nuestra indignación para combatir las injusticias que cada día se producen en nuestros entornos.

Cada día, sólo desde CCOO que es el Sindicato al que pertenezco, atendemos y defendemos a miles de trabajadores que soportan una u otra agresión laboral, siendo la más grave de todas el despido. Nos “batimos el cobre” con miles de empresarios para exigir que haya representación sindical en su empresa que defienda los derechos de sus trabajadores. Negociamos EREs y Convenios colectivos. Promovemos movilizaciones para mejorar las condiciones de un convenio o impedir despidos improcedentes. Cada día, desde el último año, hemos recorrido miles de kilómetros para informar a los trabajadores y movilizarlos ante las políticas injustas del Gobierno: su nefasta Reforma Laboral, la bajada salarial a los empleados públicos, la congelación de las pensiones, la reducción de las ayudas a la Dependencia, etcétera.

Hemos repartido millones de folletos informativos, realizado miles de asambleas, convocadas dos huelgas generales, una en la función pública el 8 de junio y otra para el conjunto de los trabajadores el 29 de septiembre de 2010, hemos convocado centenares de manifestaciones en todo el país y finalmente acabamos de recoger un millón de firmas para promover una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que elimine los aspectos negativos de la Reforma Laboral, ILP que presentaremos el próximo 16 de junio en el Congreso de los Diputados, en Madrid, con una gran manifestación de sindicalistas de CCOO y de UGT.

La indignación no es patrimonio de nadie y a la vez es de todos. Por ello es necesario que los esfuerzos de todos confluyan. Es preciso que no “desviemos el tiro” equivocándonos de enemigo. Es necesario que la izquierda sindical, política y social “organizada” abra cauces de diálogo y entendimiento con esa inmensa mayoría razonable del 15-M. Las organizaciones debemos abrir nuestras ventanas y dejar que entre el aire fresco que sopla esta primavera desde tantas plazas de España.

Y a los “indignados” del 15-M les recuerdo, que tras la traca final que tienen prevista el 19 de junio, acabará la primavera tan solo dos días después. Y a continuación vendrá el verano, después el otoño y finalmente el invierno. Posteriormente se repetirá ese mismo ciclo año tras año. Los problemas seguirán. Habrá que seguir dando la cara. Deberemos seguir comprometidos con la democracia, la justicia y la igualdad. Algunos, los sindicalistas de CCOO entre ellos, continuaremos siendo “corredores de fondo” y nos alegrará comprobar que la indignación primaveral del 15-M de 2011 se mantiene a lo largo de todo el año. Y de todos los años siguientes, porque como me enseñó un viejo militante, ya desaparecido, que me introdujo en esto del compromiso social y político: “esto va para largo”.

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