Un reciente informe de la Fundación 1º de Mayo de CCOO, “El gasto público: un falso culpable”, demuestra con datos incuestionables que el déficit público (mayores gastos realizados por las Administraciones que ingresos recaudados por las mismas) no es lo que provoca la crisis, sino al revés: es según el informe “la crisis que nace en el ámbito privado –en especial en el binomio inmobiliario-financiero- la responsable del déficit en las cuentas públicas”.
En 2007, el conjunto de las Administraciones Públicas tuvieron un superávit de 20.066 millones de euros. Dos años más tarde sin embargo, ya en plena crisis, esas mismas Administraciones arrojaron un déficit de 117.306 millones de euros, es decir, se produjo un deterioro en las cuentas públicas de 137.372 millones de euros.
Pero, no es cierto que el deterioro de las cuentas públicas se produzca por un exceso de gasto. Como dice el Informe citado “es falso que en España haya un gasto público excesivo” porque históricamente, el gasto público en nuestro país está muy por debajo de la media de los países de nuestro entorno: “en 2007, los recursos gestionados por las Administraciones Públicas equivalían al 39,2% del PIB, una cifra inferior en 6,6 puntos a la media de la Unión Europea y 12,2 puntos por detrás de Francia”.
La generación del déficit, demuestra el Informe, se debe a partes iguales, al aumento de los gastos sociales consecuencia de la crisis y a la caída de los ingresos. Pero si tenemos en cuenta que en el período de crisis, la evolución del gasto en España fue similar a la media de la Unión Europea, cabe concluir que nuestro mayor déficit respecto de la UE no lo causó la evolución del gasto, sino el desplome de los ingresos.
Es pues un “principio ideológico” considerar que el déficit público se debe a un exceso de gasto y apostar, como hace el Gobierno de España siguiendo las instrucciones de Merkel y Sarkozy , por “una reducción acelerada del déficit, actuando sólo sobre el gasto, el resultado será un proceso muy doloroso en lo social e ineficaz en lo económico”.
Doloroso en lo social, porque para llegar al objetivo que se ha propuesto el
Gobierno -3% de déficit en 2013- sólo se puede hacer recortando drásticamente los gastos sociales como pensiones y desempleo y los servicios públicos básicos como sanidad, educación y atención a la dependencia, así como eliminando la inversión pública. E ineficaz en lo económico, porque lejos de incentivar la actividad económica generará una mayor depresión, es una medida procíclica en lugar de anticíclica.
Esta política de reducción acelerada del déficit, como dice el profesor Josep Fontana en una brillante conferencia titulada “Más allá de la crisis” pronunciada en CCOO de Catalunya, va a profundizar en lo que el premio Nobel de Economía, Paul Krugman, llama la “gran divergencia”, por la que el 1% de los más ricos van a enriquecerse mucho más a base de empobrecer aún más al 99% restante.
El profesor Fontana explica la tremenda influencia política que hoy han adquirido los empresarios, que justifica que los Estados, en la crisis, hayan
corrido a salvar las empresas financieras “con rescates multimillonarios, pero no han hecho un esfuerzo equivalente por remediar la situación de los muchos ciudadanos que pierden sus hogares, al ser incapaces de seguir pagando las hipotecas, ni por asegurar estímulos a las actividades productivas con el fin de combatir el paro”. Concluye Fontana que “lejos de ello, lo que se ha hecho para justificar los sacrificios que se están imponiendo a la mayoría, es difundir la fábula de que la crisis económica se debe al excesivo coste de los gastos sociales del Estado y que la solución consiste en aplicar una brutal política de austeridad hasta que se acabe con el déficit público”.
Así pues, la obsesión por el déficit es una fábula, es una falacia, es falso, sencilla y llanamente. Y las políticas de austeridad que se aplican para reducirlo son incompatibles con el crecimiento económico. Como dice Peter Radford “La austeridad disminuye una economía. Es un acto de retroceso. Disminuye la demanda. Los ingresos caen. Pagar las deudas a partir de una menor cantidad de dinero significa que hay menos dinero para otros gastos. Del crecimiento se pasa a la decadencia”.
Las políticas de austeridad, nos recuerdan con insistencia tanto Krugman como Stiglitz, también galardonado con el Nobel, sólo benefician a los mismos que han causado el desastre, favoreciendo la continuidad de su enriquecimiento y empobreciendo a la mayor parte de la población.
Vivimos un momento en la evolución del sistema económico capitalista en el que ha desaparecido cualquier consideración moral. La única preocupación de quienes detentan el poder económico es seguir aumentando sin límite alguno su cuota de mercado y por tanto sus beneficios, aunque ello suponga la destrucción del Estado del Bienestar desapareciendo los servicios sociales, las ayudas a la dependencia o incluso gran parte de las pensiones y prestaciones sociales como la del desempleo y la privatización consiguiente de servicios públicos esenciales como la Sanidad y la Educación. La ofensiva empresarial, nos dice Josep Fontana, “no se limita a buscar ventajas políticas temporales, sino que aspira a una transformación permanente del sistema político”.
La Democracia está amenazada. Los poderes económicos han demostrado ya, tanto en Grecia como en Italia, que pueden derribar un Gobierno elegido democráticamente. La situación, desde mi punto de vista, es tan seria como grave. Está en un serio peligro el futuro de un modelo social con libertades, derechos laborales, económicos y sociales que nadie nos regaló, sino que los conquistamos a lo largo de muchos años, tras duras y largas luchas.
Es utópico pretender acabar con el capitalismo. Pero como utopía, desde la izquierda social y política podemos y debemos mantener ese objetivo. Es realista sin embargo, trabajar duro por la recuperación de un “capitalismo regulado” en palabras del profesor Fontana, que incluya los derechos sociales del Estado del Bienestar, frente al “capitalismo depredador y salvaje como el que se nos está imponiendo”.
Y para ello, desde el Movimiento Sindical Confederal, como el que representa CCOO, vamos a seguir manteniendo la mayor unidad de acción para conseguir frenar la pérdida de derechos, como acabamos de hacer con el “II Acuerdo por el Empleo y la Negociación Colectiva”, manteniendo intacto nuestro poder contractual.
Lo he dicho en innumerables ocasiones: en todas las crisis económicas hemos perdido por el desagüe del sistema económico innumerables derechos, que después hemos podido recuperar y conseguir otros nuevos gracias al poder contractual, a nuestro poder sindical de negociación con empresarios y gobiernos. Este II Acuerdo ha conseguido ese objetivo.
La lucha va a ser muy larga y para que sea efectiva conviene tejer redes amplias y tupidas de confianza, solidaridad y análisis compartidos, tanto en el movimiento sindical como en la izquierda política. Las disonancias “radicalóides” sólo servirán para debilitarnos, facilitando con ello el objetivo principal que en este momento tienen nuestras contrapartes: acabar o al menos debilitar al Sindicalismo Confederal y de Clase.

feb 08, 2012 @ 18:11:48
Eso lo hemos comentado en mas de una ocasión en “La Oficina” con unas birritas delante, la reducción del deficit y por tanto del gasto público y la inversión, en un país como España que no tiene tejido industrial, lo único que genera es la contracción de la economía, con más paro y la disminucion del consumo por parte de las familias, que va a agudizar la crisis todavía más.
feb 08, 2012 @ 22:19:23
España, que es un país sustentado en el consumo interno, que no es un país exportador como lo es Alemania por ejemplo, que no invierte en Innovación y Desarrollo, que no va a ser competitivo nunca con estas políticas, necesita un sector público fuerte, que invierta en infraestructuras, que genere empleo directo e indirecto, y que garantice los derechos ya que el futuro es realmente desesperanzador para el empleo. Que garantice a sus ciudadanos un poder adquisitivo digno, para sustentarse como economía no competitiva, al menos.
Esa obsesión por el déficit no es sino una herramienta más de Merkozy y su cuadrilla de polichinelas, para que se derrumbe el estado social. La vieja europa, que se construyó en esos principios, se desvanece y con ella la democracia real. Se abre una nueva era de poder, la del capitalismo sin alma y la del miedo.
Lo más lamentable de esto sigue siendo que los más débiles que se toman una caña pelada en el bar de la esquina pagarán la borrachera de Dom Perignon a los poderosos una vez más…
Un gran análisis en tu vuelta al blog.
Salud.
La obsesión por el déficit va a profundizar la recesión económica y nos va a empobrecer mucho más. Title (optional) « CCOO de Aragón
feb 09, 2012 @ 18:54:11
feb 12, 2012 @ 14:55:55
Yo no entiendo, desde luego, pero, entonces, ¿no es lógico lo de gastar de lo nuestro, de lo que den de sí nuestros impuestos, sin pedir perricas Dios sabe a quien? Y en consecuencia, el gasto público, ¿no debería estar limitado a eso, a lo que permita el pago de nuestras contribuciones ciudadanas? Aunque no pudiéramos hacer todo lo que nos gustaría. Eso parece de cajón, aunque por lo que leo, los estados siempre han estado endeudados con prestamistas, desde los Reyes Católicos, pasando por la dictadura de Primo de Rivera hasta llegar a Rajoy que sigue vendiendo deuda, aunque parece que más barata… No entiendo que se pueda pagar eso, porque con los que tienen mucha pasta, desde luego que no se puede contar.
Un saludo Manolo, de parte de Carlos SanMiguel, de Tarazona. Ya veo en qué vericuetos sigues enfrascado. Bueno, me parece bien, aunque yo recuerdo con mucho más cariño al Manolo profesor, que nos enseñó, hace ya veintitantos años las raíces cuadradas y las potencias y también la Tabla Periódica y los enlaces covalentes…Un abrazo.
feb 12, 2012 @ 22:14:32
Carlos, amigo: agradezco mucho tu comentario y tu cariño. Que antiguos alumnos manifiesten públcamente recuerdos positivos es una tremenda satisfacción.
Un abrazo fuerte.